Diarios antiguos, cuadernos artesanales y la memoria escrita
Cuando nació El Códice del Eremita, hace ya casi quince años, empecé a darme cuenta de algo que no sé si antes me había pasado desapercibido: cada vez que veía una película o una serie en la que alguien escribía en un libro o redactaba una carta, mi atención se desviaba -inevitablemente- hacia ese objeto. Es curioso cómo, en muchas de esas historias, el papel deja de ser un simple soporte para convertirse en la puerta de entrada al mundo interior de un personaje; de modo que no conocemos solo lo que hace: sabemos lo que aún no se atreve a decir en voz alta. En todo ese lenguaje audiovisual, el libro o la carta a veces solo forman parte del atrezo. Están ahí igual que una lámpara o una silla. Recuerdo que uno de los primeros libros de gran formato que realicé fue precisamente para un documental. Debía acompañar…