Fotografía en tonos sepia de una mujer sosteniendo un diario artesanal de cuero, evocando la memoria, los diarios antiguos y los libros destinados a conservar una vida.

Diarios antiguos, cuadernos artesanales y la memoria escrita

Cuando nació El Códice del Eremita, hace ya casi quince años, empecé a darme cuenta de algo que no sé si antes me había pasado desapercibido: cada vez que veía una película o una serie en la que alguien escribía en un libro o redactaba una carta, mi atención se desviaba -inevitablemente- hacia ese objeto. Es curioso cómo, en muchas de esas historias, el papel deja de ser un simple soporte para convertirse en la puerta de entrada al mundo interior de un personaje; de modo que no conocemos solo lo que hace: sabemos lo que aún no se atreve a decir en voz alta. En todo ese lenguaje audiovisual, el libro o la carta a veces solo forman parte del atrezo. Están ahí igual que una lámpara o una silla. Recuerdo que uno de los primeros libros de gran formato que realicé fue precisamente para un documental. Debía acompañar…

Más Información

Habitar el cuerpo: Sobre Frida Kahlo, el duelo y las formas de hacerse visible

Hay cuerpos que cambian poco a poco, casi sin que una se dé cuenta. Y hay cuerpos que cambian de golpe. A veces es el duelo.A veces la enfermedad.En mi caso, una combinación casi impensable de ambas. Desde hace meses pienso mucho en Frida Kahlo. No solo en su pintura, sino en la manera en que habitó su cuerpo. En cómo convirtió la presencia física —atravesada por el dolor— en una forma de dignidad. Porque Frida no utilizaba el cuerpo únicamente para mostrar el sufrimiento humano: lo adornaba y lo hacía visible. Le daba una presencia deliberada. Por supuesto, no es una comparación con ella. Pero sí siento que, durante este último tiempo, su figura me ha acompañado e incluso inspirado de una forma silenciosa. Cuando recibí el diagnóstico, mi cuerpo dejó de ser el de antes de manera abrupta. Los tratamientos alteraron cosas profundas; no solo el aspecto físico,…

Más Información

Del maquinista, y de su Deseo

“Las lágrimas de emoción de sus amigos, testigos incrédulos de todo, no tenían comparación con las de Guille. Se abrazó a Camino, se puso una camiseta de la Fundación Pequeño Deseo, y fue el niño más feliz del mundo. Con cuarenta kilos, sarcoma de Ewing, sin pelo, secuelas de radio, quimio y todo lo demás era el niño más feliz del mundo”. ¿A qué hora llega papá? Juan Rico Ordás. Hoy solo voy a contar una aventura. La historia de un Deseo.A mi pequeño eremita, como a cualquier niño, le gustaban muchas cosas. Pero una empezó muy pronto a ocupar la mayor parte de su tiempo y de sus anhelos: los trenes. Podrían haber sido los libros, ya que estamos. O los animales. Vivir al lado de un apeadero de Renfe y Feve puede crear gustos muy concretos, pero no creo que sea capaz de mantenerlos en el tiempo y…

Más Información