“Los que aman la palabra”

Cuando Ana Paz Paredes estuvo hablando conmigo en mi pequeño taller, me preguntó: “¿Por qué Eremita?” Le contesté, señalando alrededor, que básicamente porque mi trabajo es eminentemente solitario. Especialmente si tienes tan poco espacio como tengo yo por el momento. Cuando paso por temporadas de buenos encargos en restauración, con unos plazos de entrega concretos, son muchísimas las horas encerrada con mis papeles. Puede que en verdad no sea un monje eremítico con sus códices, pero sí llevo una vida eremítica. Como muchos de mis compañeros.

Me gusta pensar que en cualquier momento puedo salir de ese aislamiento voluntario y ponerme en contacto directo -o virtual- con las personas. Como el tiempo es limitado, suele ser preciso obviar las obligaciones y centrarme en aquellos a los que quiero, y que me quieren. Pero también busco el momento para agradecer a aquellas personas que dedicaron parte de su tiempo a valorar esta profesión.

Dependiendo del entorno en el que estés, suele ser habitual que uno se sienta incomprendido por desarrollar esta labor artesanal. Hoy vivimos en el mundo de la producción rápida y del pragmatismo más cruel; de la necesidad de dejar de lado nuestros deseos y sueños en pos de tener un poco de estabilidad vital. Es muy complejo encontrar ese equilibrio, y a veces imposible. Tanto, que muchas personas han dejado de lado los sueños que seguro alguna vez tuvieron. Deseos que van más allá de despertarse todos los días y dormir después. Ese adormecimiento hace que no se den cuenta -que no nos demos cuenta- de que los placeres más sencillos no cuestan dinero; no necesariamente. Que hoy tenemos en nuestra mano tantas posibilidades cercanas que lo único que se nos requiere es que abramos nuestra mente.

Pues es lo que Ana Paz Paredes nos ofrece en su página del suplemento “La vida buena” en La Nueva España. Posibilidades cercanas. Nos encomia a conocer a las personas y a nuestro entorno. Nos ofrece valorarlas por lo que son, por lo mejor de lo que son capaces de ofrecer. Y también aprender a mirar aquello que tenemos más cerca y redescubrirlo.

Esta eremita a veces -demasiadas veces- siente que transita por un mundo paralelo a la mayoría de la gente que la rodea. Cuando salgo de este Eremitorio sigo caminando sola porque este mundo maravilloso de los libros y de la encuadernación debe quedarse atrás. Si hablo de él fuera de este territorio seguro, muchas veces me topo con la más cruel incomprensión, o con la actitud más paternalista que uno se pueda imaginar. Y por eso a veces debo protegerlo con el silencio. Puedo romperlo sin ambages sólo en este blog.

Por eso me siento tan (pero tan) AGRADECIDA por personas como Ana, que un día vieron mi trabajo y lo valoraron. Sin más.

Este bellísimo artículo que Ana ha escrito no es sólo una descripción de mi trabajo, no es sólo una recomendación de una ruta, no es sólo concer a un artesano más. En absoluto. Es el reconocimiento a una labor global, es un trabajo incansable de descubrimiento por desvelar el aspecto más creativo y limpio de las personas, es un hallazgo impagable del talento más cercano que existe en nuestra pequeña comunidad. Es sacar a todos los artesanos de sus Eremitorios, de sus pequeños círculos de incomprensión, e iluminarlos para que quienes leen la página puedan empezar a valorarlos como se merecen.

Porque son personas que han dejado atrás muchas cosas en pos de un sueño, o que lo mantienen en difícil equilibrio con otros aspectos de sus vidas, más prosaicos pero absolutamente necesarios para sobrevivir.

Leer esa preciosa valoración de alguien que escribe como Ana Paz Paredes, y verla expuesta al mundo, le da sin duda a muchos Eremitas como yo nuevas fuerzas para seguir adelante. Muchísimas gracias, de corazón.

2 Comentarios

  1. nel

    No sólo es bueno tu trabajo, también y especialmente, tus reflexiones!…..y esto, inevitablemente se refleja en tu producto….muy bueno!
    felicitaciones!
    Nel (Southstreet)

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